El conflicto en la Comisión Nacional de Energía Atómica escaló este martes luego de que el Gobierno enviara más de un centenar de telegramas de desvinculación a personal contratado, una medida que desató protestas sindicales y un refuerzo de la seguridad en la sede central del organismo.
En medio de las manifestaciones de la ATE y la APCNEAN, el edificio donde funciona la presidencia de la comisión apareció rodeado por un operativo de la Gendarmería Nacional Argentina. La presencia de efectivos se intensificó durante la jornada, con el objetivo de contener la concentración de trabajadores frente a las oficinas principales.
Contratos caídos y promesas incumplidas
Los despidos alcanzan a personal administrativo, técnico y profesional. En la estructura del organismo se contabilizan cerca de 350 contratados, muchos de los cuales esperaban la renovación de sus vínculos luego de compromisos asumidos a comienzos de junio, durante un acto institucional por el aniversario de la entidad.
Sin embargo, las notificaciones comenzaron a llegar con fecha del 30 de junio y establecen la finalización de funciones a partir del 1° de julio. La medida generó malestar en distintos sectores internos, donde advierten una pérdida de capacidades técnicas acumuladas.
Críticas gremiales y advertencias
Desde ATE, la delegada en la CNEA, Carolina Komar, cuestionó con dureza la decisión oficial y sostuvo: «no tiene ningún sentido».
Además, advirtió sobre el impacto del ajuste en el funcionamiento del organismo y afirmó: «La única explicación es que quieren entregar el desarrollo nuclear a Estados Unidos y el objetivo es convertir la comisión en un centro formador de profesionales que se van porque no les alcanza para cargar la SUBE».
En la misma línea, remarcó que en el último año se produjeron alrededor de 500 renuncias dentro del organismo y denunció la falta de interlocución con las autoridades: «Hace 6 meses que no hay canal de diálogo con las autoridades».
Un clima interno cada vez más tenso
En paralelo a los despidos, la conducción de la CNEA quedó bajo la órbita de un esquema tripartito integrado por Martín Porro, Ignacio Bruera y Felipe Randle.
Según denuncias gremiales, Porro evitó el contacto con representantes de los trabajadores y permaneció en su despacho durante la jornada, en un contexto de fuerte tensión con los sindicatos.
Antes de esta conducción, el organismo tuvo como presidenta a Adriana Serquis y luego a Germán Guido Lavalle, en una etapa marcada por recambios políticos frecuentes.
Reclamos por el rumbo del organismo
En los pasillos de la CNEA crece la preocupación por el futuro de áreas técnicas sensibles, en particular por la reducción de personal especializado en sectores estratégicos. Trabajadores advierten que la pérdida de operarios con experiencia impacta directamente en el funcionamiento de equipos clave para investigación y desarrollo.
El conflicto se da en un contexto de reconfiguración del sector público impulsado por la administración del presidente Javier Milei, mientras los gremios anticipan que podrían profundizarse las medidas de fuerza si no se abre una instancia de negociación.
Fuente: LPO
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