El balance de inversiones de 2025 dejó un dato contundente: quienes apostaron por acciones o dólares no lograron ganarle a la inflación, y en muchos casos perdieron poder adquisitivo. En un contexto atravesado por la inestabilidad cambiaria y monetaria del Gobierno de Javier Milei, la alternativa más rentable resultó ser una de las menos promovidas por el sistema financiero: el plazo fijo tradicional con capitalización de intereses.
Según los rendimientos promedio del sistema bancario, esta colocación en pesos cerró el año con una ganancia cercana al 41%, un desempeño que superó por unos 11 puntos a la inflación estimada para el período. El resultado contrastó de lleno con lo ocurrido en la Bolsa porteña, donde el índice Merval registró una caída del 4,7% medida en dólares y un avance en pesos que quedó muy por debajo de la suba general de precios.
El mal desempeño bursátil también se reflejó en el exterior. Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street mostraron un comportamiento dispar, con tantas subas como bajas, aunque el retroceso de los papeles bancarios sobresalió por su magnitud. En ese escenario, la renta variable quedó lejos de ofrecer una cobertura frente a la crisis económica.
Las distintas cotizaciones del dólar tampoco funcionaron como refugio. El dólar MEP avanzó alrededor de 28% en el año, en línea con el dólar cripto y apenas por encima del contado con liquidación, que tuvo un uso limitado a operaciones de salida de divisas. El blue, en tanto, quedó último en el ranking de rendimientos, con una suba cercana al 22%. Incluso los dólares oficiales, pese a los ajustes que acompañaron la tensión cambiaria, no lograron imponerse al plazo fijo: el minorista trepó cerca del 40% y el mayorista alrededor del 41%.
El debate sobre cuál fue la mejor inversión del año ganó relevancia tras las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre la intención de reducir la dependencia del financiamiento externo. “Trataremos que no la haya. El objetivo es ir eliminando la dependencia que el país tiene con Wall Street. ¿Lo vamos a poder lograr? Nosotros creemos que sí. Abrazo y feliz Navidad», escribió el funcionario en la red social X, al responder sobre una eventual vuelta a los mercados internacionales.
La búsqueda de recursos en el mercado local puso el foco en el ahorro de los argentinos, que históricamente debería canalizarse hacia la producción a través del mercado de capitales. Sin embargo, la falta de instrumentos sólidos y la volatilidad financiera generaron pérdidas que desalentaron esa vía y reforzaron la preferencia por colocaciones conservadoras.
Por qué se impuso el plazo fijo
El mejor desempeño del plazo fijo se explicó por la crisis monetaria y cambiaria que atravesó la gestión libertaria, atravesada por decisiones del equipo económico que tensionaron el mercado de pesos. La eliminación de mecanismos de intervención del Banco Central y la presión dolarizadora típica de los años electorales impulsaron una suba inédita de las tasas de interés.
Entre julio y octubre, los costos de financiamiento en pesos alcanzaron picos cercanos al 200% anual en los mercados donde se fondean empresas y bancos. Ese salto se trasladó parcialmente a los ahorristas: las tasas de los plazos fijos llegaron a ubicarse en torno al 50% de Tasa Nominal Anual durante varios meses y cerraron el año con un promedio cercano al 27%.
Pese a ese rendimiento, la inversión en pesos recibió poca promoción por parte de bancos y agentes del mercado de capitales, que priorizaron la operatoria cambiaria. Con un volumen diario cercano a los 60 millones de dólares y comisiones que oscilaron entre 1% y 3%, la compra y venta de divisas se consolidó como un negocio más rentable para las entidades que el financiamiento productivo.
Caputo intentó colocar deuda en el mercado local con resultados acotados: logró reunir unos 910 millones de dólares a una tasa efectiva anual del 9,47%, en un contexto de riesgo país que se mantuvo por encima de los 550 puntos y cerró el acceso al crédito externo. Para avanzar en esa estrategia, el Gobierno enfrenta el desafío de recomponer la confianza de los ahorristas y de un mercado que aún recuerda antecedentes de reestructuraciones forzadas.
En ese marco, el cierre de 2025 dejó una conclusión clara para los pequeños inversores: en un año marcado por la volatilidad y la crisis, la opción más conservadora terminó siendo la que mejor protegió los ingresos.
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