10 de febrero de 2026

Caputo rechaza el nuevo IPC y se aferra a una canasta del siglo pasado

El Ministro intenta cerrar la crisis del Indec con un argumento que deja intacta una medición anacrónica y choca con compromisos internacionales.

Luis Caputo confirmó que el Gobierno no aplicará el índice de precios elaborado durante la gestión de Marco Lavagna y ratificó que el Indec continuará usando la canasta vigente desde 2004. La decisión se apoya en la idea de que el nuevo IPC parte de hábitos de consumo “viejos”, aunque la alternativa oficial conserva productos y servicios prácticamente fuera de uso.

En una entrevista televisiva, el ministro defendió su postura al cuestionar la base estadística del índice que impulsó el exdirector del Indec. “La Encuesta Nacional de Hogares en la que se basa el nuevo índice no es de ahora, es de 2017, 2018, en el medio pasaron una pandemia, un montón de cosas”, sostuvo Caputo en La Nación +. Luego agregó: “Probablemente los patrones de comportamiento de consumo de hoy difieren más con los de 2018 que los de 2018 con antes”.

Con ese razonamiento, Caputo dio por cerrado el debate interno y anticipó que se avanzará en la elaboración de otro IPC, todavía sin cronograma definido. La decisión contradice el compromiso asumido por el Ejecutivo ante el Fondo Monetario Internacional para actualizar la medición de la inflación. En ese marco, el exviceministro Joaquín Cottani señaló que el organismo multilateral incluso respaldó el proceso técnico: el Fondo financió “con un programa de asistencia técnica la revisión del índice”.

El contraste que genera mayor ruido es el punto de partida elegido por el Gobierno. La canasta que sigue utilizando el Indec se apoya en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2004, un esquema que incorpora bienes y servicios que dejaron de tener peso real en el consumo cotidiano. Entre los rubros relevados aparecen el fax, los teléfonos fijos, las llamadas en locutorios, antenas de TV, tocadiscos, contestadores automáticos, VHS, diskettes, CD vírgenes, radiorelojes, el revelado de fotos y el alquiler de películas.

Durante años, desde el organismo estadístico explicaron que el relevamiento contempla precios de productos sustitutos. Ese criterio, sin embargo, choca con la argumentación oficial actual: se rechaza un índice por “desactualizado” mientras se preserva otro construido sobre hábitos de hace más de dos décadas. En el centro de la escena, la crisis del Indec sigue abierta y la medición de la inflación queda atrapada entre excusas técnicas y decisiones políticas.

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