La pobreza volvió a mostrar una tendencia ascendente durante 2026 y los datos oficiales ya ubican a millones de personas por debajo de la línea establecida por la Canasta Básica Total (CBT). Sin embargo, distintos especialistas sostienen que el indicador podría estar subestimando el alcance real del deterioro social.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia llegó al 7,5%. En términos absolutos, el dato representa más de 15 millones de personas pobres y alrededor de 3,5 millones de indigentes.
Pero la evolución trimestral muestra un escenario todavía más complejo. Durante el segundo trimestre, la pobreza llegó al 34,6%, frente al 30% registrado entre enero y marzo. Esa diferencia implica un incremento de más de dos millones de personas en apenas tres meses.
Los alimentos suben por encima de la inflación
Uno de los factores que presionan sobre los indicadores sociales es el comportamiento de las canastas utilizadas para determinar las líneas de pobreza e indigencia.
En julio, mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un aumento del 2,1%, la Canasta Básica Total avanzó 2,4% y la Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió 3,5%. La brecha volvió a ampliarse en agosto: la inflación general fue del 1,7%, mientras que ambas canastas aumentaron 2,6%.
El economista y director del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), Claudio Lozano, proyectó un escenario de mayor deterioro para los próximos meses.
«vas a tener un tercer trimestre que va a tender a mantenerse un poco por encima de los niveles del segundo de cerca del 35% pero por el impacto del aguinaldo. Te vas a ir al 38,5% en el cuarto trimestre y quedará un promedio del 36,5% aproximadamente para el semestre».
Según Lozano, si se excluyera el efecto del aguinaldo y se conservara la metodología oficial, «la pobreza ya estaría en un 37%». Bajo esa estimación, el universo de personas pobres rondaría actualmente los 17,2 millones.
La situación de los chicos es todavía más crítica
El impacto tampoco se distribuye de manera uniforme entre los distintos grupos de edad. La información oficial correspondiente al primer semestre ubicó la pobreza entre los menores de 14 años en 44,5%, mientras que la indigencia llegó al 10,5%.
Con la evolución registrada durante el segundo trimestre, distintas estimaciones sostienen que la pobreza infantil podría ubicarse actualmente alrededor del 51%.
El fenómeno responde, entre otros factores, a que los hogares con niños suelen tener más integrantes, por lo que el ingreso familiar debe distribuirse entre una mayor cantidad de personas.
Cuestionamientos sobre cómo se calcula la pobreza
Más allá de los números oficiales, distintos centros de análisis plantearon reparos sobre la metodología utilizada para elaborar el indicador.
El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) señaló tres problemas centrales: la forma en que se calcula la inflación y la Canasta Básica, la estimación de ingresos mediante la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y la falta de incorporación de los gastos vinculados al alquiler.
Desde esa organización estimaron que la pobreza podría estar subestimada en unos 20 puntos porcentuales. Además, plantearon que al incorporar a quienes se encuentran cerca de superar la línea de pobreza, la proporción de población en situación de vulnerabilidad sería todavía mayor.
El economista Martín Rapetti, desde la consultora Equilibra, también difundió una estimación alternativa. Según ese cálculo, que incorpora correcciones por subdeclaración de ingresos y utiliza canastas actualizadas, la pobreza habría alcanzado aproximadamente el 45% durante el primer semestre.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA), por su parte, puso el foco en los cambios introducidos en la EPH y en la evolución de los ingresos de los trabajadores no registrados. El centro sostuvo que esas modificaciones pueden generar una captación de ingresos que no necesariamente refleja una mejora efectiva de la situación económica de los hogares.
También cuestionó el peso asignado actualmente a los distintos componentes de la Canasta Básica Total. Según su análisis, los servicios y el transporte tienen una incidencia mayor en los gastos familiares que la que refleja la metodología vigente.
El endeudamiento también deteriora los ingresos
A la pérdida de poder adquisitivo se suma otro elemento: el endeudamiento de los hogares. Para los sectores de menores ingresos, las deudas pueden reducir todavía más el dinero disponible para cubrir los gastos cotidianos.
Lozano explicó que todavía no realizaron una estimación específica sobre cuánto incide este fenómeno en la medición de pobreza, aunque describió el proceso de endeudamiento de los hogares más vulnerables.
«cuando escalaron los precios, los más pobres terminaron endeudados con el usurero del barrio y las aplicaciones».
El economista comparó la situación actual con los niveles registrados durante el gobierno de Alberto Fernández y sostuvo que existe además un deterioro patrimonial producto del uso de ahorros, créditos y una mayor cantidad de horas de trabajo para sostener los ingresos.
«volvimos a los niveles de pobreza de Alberto Fernández» pero con una situación de «fuerte destrucción patrimonial» porque los que cayeron en la pobreza y salieron, pero para sostener esa situación tuvieron que quemar ahorros, tomar créditos o aumentar las horas de trabajo».
Según Lozano, una parte importante de los hogares endeudados mantiene obligaciones con empresas financieras no bancarias.
«más de la mitad de los 20 millones de endeudados lo están con proveedores financieros no bancarios. De los 6,8 millones de morosos más de 4 millones son inferiores al millón de pesos y los acreedores principales son Galperin y Tarjeta Naranja. Son deudas relativamente bajas que se hacen inmanejables por las tasas que terminan duplicando o triplicando la bancaria».
El director del IPyPP sostuvo que este componente queda fuera de la medición tradicional de pobreza y puede profundizar la distancia entre el indicador estadístico y la capacidad efectiva de las familias para afrontar sus gastos.
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