Columna de opinión

Argentina 2027: la disputa por el nuevo mapa político

Por Alejandro Mansilla (licenciado en ciencias políticas).-

La política argentina comienza a transitar, con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027, una etapa de reacomodamiento en la que tanto el oficialismo como el peronismo enfrentan el desafío de redefinir sus estrategias, sus liderazgos y sus propuestas frente a una sociedad atravesada por un fuerte proceso de transformación.

Hace pocos días se reunieron importantes dirigentes del justicialismo, entre ellos Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner, junto con gobernadores peronistas como Sergio Ziliotto, de La Pampa; Gildo Insfrán, de Formosa; y Gustavo Melella, de Tierra del Fuego.

El encuentro tuvo como uno de sus objetivos comenzar a delinear una construcción política del Partido Justicialista de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Pero, además, se discutió la estrategia parlamentaria frente a la intención del Gobierno nacional de suspender las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Desde el peronismo se planteó la necesidad de coordinar posiciones en el Congreso para impedir que prospere esa suspensión.

Sin embargo, el principal desafío del justicialismo continúa siendo la renovación de su dirigencia y la construcción de una propuesta capaz de responder a una Argentina que ha cambiado sustancialmente. La recuperación electoral no parece depender únicamente de la capacidad de reunir dirigentes históricos, sino también de generar nuevas ideas, nuevos liderazgos y propuestas que puedan interpelar a sectores que hoy se encuentran alejados del peronismo.

En el otro extremo del escenario político se encuentra La Libertad Avanza, el espacio que conduce el presidente Javier Milei. Su estrategia parece orientarse hacia la consolidación de acuerdos fundamentalmente con el PRO y con sectores de la Unión Cívica Radical, buscando fortalecer su estructura legislativa y territorial en las 24 provincias argentinas.

Esta estrategia plantea una cuestión política relevante: La Libertad Avanza parece priorizar la construcción de una alianza electoral amplia antes que la incorporación de partidos y dirigentes provenientes exclusivamente de la tradición liberal.

En este sentido, podría configurarse una suerte de reedición o revival de la lógica de Juntos por el Cambio, aquella alianza que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia en 2015 y que reunió al PRO con sectores del radicalismo y la Coalición Cívica. La diferencia fundamental es que, en el escenario actual, el liderazgo político estaría concentrado en la figura presidencial de Javier Milei.

El interrogante es si esta estrategia permitirá construir un espacio liberal con identidad propia o si, por el contrario, terminará reproduciendo una coalición política de características similares a las que ya tuvo la Argentina en años anteriores.

Al mismo tiempo, los resultados económicos y políticos de los últimos años, tanto del peronismo como del actual oficialismo, han contribuido a generar un escenario de descontento social que puede favorecer el crecimiento de alternativas ubicadas en otros sectores del espectro ideológico.

En ese contexto, figuras de la izquierda, como Myriam Bregman, pueden encontrar un espacio para incrementar su nivel de conocimiento y adhesión entre sectores de la sociedad desencantados con las fuerzas políticas tradicionales. El crecimiento de estas expresiones debe ser analizadocomo una manifestación del malestar social y no necesariamente como la existencia de una alternativa de gobierno consolidada.

Un desafío para la Argentina

El escenario que comienza a configurarse hacia 2027 presenta una disputa que excede a los nombres propios. Se trata de definir qué modelo político, económico e institucional será capaz de ofrecer una respuesta a una sociedad que reclama resultados concretos.

Desde mi perspectiva, un eventual crecimiento de posiciones de extrema izquierda como consecuencia del descontento social no debería ser interpretado como una solución para los problemas estructurales de la Argentina. Una eventual llegada del trotskismo al Gobierno nacional representaría, a mi entender, un cambio de rumbo que podría generar importantes tensiones económicas e institucionales.

En este punto, considero que no resulta conveniente trasladar automáticamente a la Argentina experiencias políticas de otros países. Un eventual gobierno de Myriam Bregman, por ejemplo, no necesariamente tendría las mismas características que otros gobiernos de izquierda de la región que han desarrollado una relación más institucional con las reglas del sistema democrático.

La Argentina necesita, a mi juicio, encontrar respuestas dentro de espacios democráticos y moderados que puedan combinar estabilidad institucional, desarrollo industrial, inversión, generación de empleo y salarios dignos.

El desafío consiste en construir una economía productiva que permita recuperar el trabajo como herramienta de movilidad social, profundizar la industrialización y generar condiciones para que el sector privado pueda invertir y producir.

En definitiva, la Argentina de 2027 no debería limitarse a elegir entre extremos. El verdadero desafío será encontrar un camino político capaz de superar la polarización, recuperar la confianza de la sociedad y construir un proyecto de desarrollo sostenible.

El nuevo mapa político argentino todavía está en construcción. Y serán los ciudadanos, finalmente, quienes determinen qué dirigentes, qué ideas y qué modelo de país tendrán la responsabilidad de conducir la Argentina hacia el futuro.

Por Alejandro Mansilla (licenciado en ciencias políticas).-