En un escenario marcado por la pérdida de poder adquisitivo y la presión inflacionaria, un informe privado muestra un cambio fuerte en la forma en que los trabajadores piensan el uso del aguinaldo de junio. La tendencia principal apunta a estrategias defensivas frente a compromisos financieros y menor margen para el consumo.
De acuerdo a un estudio de Focus Market, realizado sobre 3.575 casos en todo el país, el destino más elegido del ingreso extra aparece vinculado a la cancelación o reducción de deudas, con el 23,5% de las respuestas. En segundo lugar se ubica la compra de dólares (17,8%), seguida por los gastos del hogar (16,2%), que pierden terreno frente a opciones más conservadoras.
Más atrás quedan las decisiones de inversión: el 13,9% planea comprar acciones y el 11% opta por fondos comunes. Recién después surgen las vacaciones, que alcanzan el 10,3% de las preferencias, lo que refleja una baja en el consumo asociado al ocio.
En el tramo final del ranking aparecen alternativas de resguardo o liquidez inmediata, como billeteras virtuales (3%), compra de oro (2,4%), stockeo de mercadería (1%) y plazo fijo (0,9%), este último con una caída marcada dentro de las opciones financieras tradicionales.
En ese marco, el director de Focus Market, Damián Di Pace, describió el comportamiento como defensivo y condicionado por la incertidumbre económica. “En un contexto de desaceleración inflacionaria, pero todavía con incertidumbre, una parte importante de los argentinos utilizará el aguinaldo con un criterio defensivo. La prioridad seguirá siendo la cancelación de deudas de corto plazo, especialmente tarjetas y financiamiento en cuotas, mientras que otro segmento optará por dolarizar excedentes como mecanismo conservador de resguardo de valor”, expresó.
También remarcó el rol persistente del dólar en las decisiones de ahorro: “El dólar continúa funcionando como refugio psicológico y financiero frente a cualquier expectativa de volatilidad cambiaria futura”, sostuvo.
Si se compara con 2025, el informe muestra un corrimiento claro en las prioridades: el pago de deudas crece con fuerza y desplaza al consumo del hogar, que pierde protagonismo. En paralelo, también sube levemente la dolarización de excedentes, mientras que la mayoría de las alternativas de inversión y ahorro tradicional retroceden.
El trabajo señala una caída general del consumo discrecional y una mayor inclinación a cubrir compromisos financieros, en línea con un escenario donde los ingresos extraordinarios se usan cada vez menos para gastos no esenciales.
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