14 de febrero de 2026

Columna de opinión

Capitanes de la ineficiencia: la producción argentina más allá de los impuestos y salarios

Por Damián Bil*

Que los impuestos, que las cargas sociales, que los salarios, que la industria del juicio, que los argentinos son vagos… La batería de argumentos para justificar la crisis productiva es extensa, siempre cargando la culpa a factores ajenos al accionar empresario. Por lo general, los medios masivos de comunicación insisten con varios de estos elementos, mientras que algunos en pose de víctima se suben a la ola, denunciando que la “política” no los deja crecer o pone palos en la rueda. Ronda la idea de que somos un país queatenta contra la producción, como rezaba aquél video donde empresarios pymes de Argentina y Paraguay comparaban la carga impositiva en ambos países.

Pero detrás de las declaraciones de efecto, tanto impuestos como salarios son a lo sumo dilemas accesorios. El núcleo del asunto está en otro lado. Cuando los empresarios se sinceran en sus declaraciones, muestran la hilacha. Sin quitar peso a los elementos mencionados, desde hace décadas la agenda de los industriales pone el foco en otros determinantes de la competitividad. Por lo menos desde la década de 1960, encontramos entre los reclamos de sectores relevantes como el automotriz las quejas por el dólar “barato”, que resta competitividad a la producción local, y la falta de protección para la industria nativa. Más cerca en el tiempo, la exigencia va desde capitanes de la industria como Paolo Rocca y Cristiano Rattazzi, pasando por Orlando Canido (titular de Manaos, quien dijo sentirse “desprotegido” por el gobierno), hasta las pymes, que en los últimos dos años vienen cerrando a un ritmo de casi 30 por día según organismos especializados.

Las dificultades se magnifican, como en otros períodos históricos, con la apertura de importaciones facilitada por la sobrevaluación del peso y, como novedad de los últimos años, con la potencia de la industria china, que inunda la región con sus productos, incluso desplazando la fabricación nacional de algunos mercados cercanos.

El trasfondo del problema

Ciertamente, la Argentina es un país con una carga tributaria considerable para la región, en torno al 30% del PBI (incluidos impuestos que exceden a la producción). No obstante, como ya señalamos en este medio, es menor a la de Brasil, al promedio de la OCDE y bastante inferior a la de Francia y los países nórdicos de Europa. Los salarios, en términos reales, vienen bajando desde hace años (por lo menos desde 2013), mientras que en dólares nuestro país tiene uno de los estipendios más bajos de la región, solo por encima de Venezuela. No obstante, pese a estos incentivos, a la industria le cuesta cada vez más competir, incluso a nivel doméstico.En abstracto, podría pensarse que la simplificación de impuestos aportaría algún elemento de alivio en ciertas coyunturas. Sin embargo, la historia reciente nos muestra que estas recetas de reformas “estructurales”no resultaron en un despegue de la estructura productiva nacional, y fueron inocuas en cuanto a creación de empleo o mejora de la performance industrial.

El problema de fondo está en la capacidad competitiva de la economía. Algunas variables nos acercan a la esencia de la cuestión. Según la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, en el índice de competitividad industrial Argentina cayó del puesto 38 que ocupaba al lugar 55 en 2023. También perdió peso (del escaso que tenía) en la participación de exportaciones manufactureras y en el valor agregado industrial a nivel global.

Esto es consecuencia de un fenómeno de fondo, que responde a una de las columnas en la que se basa la competencia capitalista: la productividad del trabajo. La misma da cuenta de la capacidad competitiva de una economía, en tanto que un trabajo más productivo tiene por lo general menores costos y accede a posiciones crecientes en el mercado mundial. La Argentina tiene un serio déficit en este aspecto: según el Banco Mundial, nuestro producto por ocupado es 22% menor al de Japón o Corea del Sur, y 52% menos que el de los Estados Unidos. El producto por hora trabajada en el país, en base a la OIT, está un 58% por debajo del alemán o del estadounidense. Se puede objetar que estas medidas, al tomar el conjunto de la economía, esconden lo que ocurre en actividades particulares. Pero si evaluamos sectores industriales claves, la situación se reitera. En el caso de la automotriz, en la Argentina se fabrican 19 vehículos por ocupado (promedio 2015-2024), un 19% menos que Brasil y bastante más lejos de líderes mundiales como Japón (45,4) o los EE.UU. (56,4). En el caso de la siderurgia, en los últimos cuatro años la producción física local por ocupado es un 40% menor a la de EE.UU. Si se comparan los datos disponibles para Argentina y EE.UU. en sectorescomo papel, química, hierro y acero, equipo eléctrico,en términos de valor agregado por trabajador, encontraremos brechas muy similares.

Reformas en vano

En este escenario, las reformas que impulsa el gobierno preludian una nueva decepción. Otro esfuerzo que recaerá sobre los trabajadores, para obtener escasos resultados. Por otra parte, algunas de las medidas ya existen en la práctica: el mercado laboral argentino tiene una alta informalidad, se ha flexibilizado sobre manera, los salarios vienen a la baja hace tiempo, y el nivel de evasión fiscal es elevado. Por otro lado, aún con una rebaja sensible de impuestos, la producción local tendría dificultades serias para subsistir contra competidores más eficaces, como ocurre con la industria textil y de indumentaria frente a las mercancías asiáticas (o el calzado brasileño). El problema argentino no son lossalarios o la presión impositiva; sino la existenciade un empresariado ineficiente, incapaz de expandir la escala y la productividad para competir sin dinamitar las condiciones de vida de la población.Es hora de que otra clase social, los trabajadores, mediante un Estado que planifique la asignación de recursos, se haga cargo de los resortes de la economía, para salir de este atolladero con generación de riqueza y no con más ajuste.

*Por Damián Bil (investigador CEICS y militante de Vía Socialista)

About Author

Categorías