“Quien lucha con monstruos debe procurar no convertirse en uno.
Y si miras fijamente al abismo, el abismo también te mira a ti”
Friedrich Nietzsche
Todo pasa. La frase, que paseó por el mundo labrada en el anillo que el mítico Julio Grondona llevaba en su dedo meñique, tiene la contundencia de un hito en estos días turbulentos. Idea tomada de un viejo cuento oriental que la mayoría de los joyeros conocen: una alhaja que, al mirarla, nos haga sentir alegres si estamos tristes o tristes, si estamos alegres. Tal fue el pedido de un rey y su orfebre ideó una sortija con diamante, debajo del cual se podía leer: “Esto también pasará”.
Uno lo ve a Milei pasearse como un pavo real por ciudades afines y asistir a fest derechosas mientras Chubut es un infierno en el sentido más literal de la imagen; lo descubre tuiteando comentarios y artículos comprados a medios extranjeros, antecedidos por su desafiante “Fenómeno Barrial”; lo escucha repetirse con su slang incomprensible, tratando de posar de intelectual de la Economía; lo observa subirse al escenario de su ex amante a cantar (mal… siempre mal) el “Rock del Gato” (atendeme la metáfora) y a posar de latin lover en un teatro lleno por las entradas regaladas para la ocasión; uno se restriega los ojos, fuerte, vuelve a mirar y… y la verdad, no puede evitar preguntarse qué tiene el poder para que los tipos se vuelvan tan impunes. Tanto como para no comprender que ellos también van a pasar. Sic transit gloria mundi.
«No he cultivado mi fama, que será efímera», sentenció Jorge Luis Borges. Pero claro, Milei apenas sabe del poeta que era ciego, y poco más. Un compendio de ignorancia, nuestro Presidente, sostenido por otro inmenso pelafustán facistoide devenido déspota de folletín. “Soy un dictador (…) ¡Pero a veces se necesita un dictador!” admitió Donald Trump en Davos.
Como un tiranuelo de película clase “Z”, el Gran Jefe Peluca Rubia, que gobierna los Estados Unidos a sangre y fuego, necesita de epígonos y demiurgos menores tipo El Papadas para exportar su desmadrada doctrina, que no es otra cosa que una enfermiza apetencia por el dinero y los negocios. Porque todo se circunscribe a eso: en más de 1.400 millones de dólares ha engordado la fortuna del magnate norteamericano en un año de gobierno sencillamente porque hace abuso de la información privilegiada, de su poder de fuego y de la complacencia de algunos señores tecno-feudales cuya calculada apuesta por los totalitarismos se fundamenta en el dogma de que pueden controlar al autócrata que les otorgará desregulación y dominio total del mercado. Los derechos civiles y la Constitución… “esa te la debo”, diría Macri.

Tiempos oscuros
La “meca de la democracia mundial ha devenido en régimen fascista”, explica Jason Stanley profesor de
filosofía de la Universidad de Yale y autor de «Cómo funciona el fascismo», libro traducido a más de 20 idiomas, español incluido. “Muchos de nuestros valores como nación están siendo atacados”, reaccionan Michelle y Barack Obama ante el asesinato de Alex Pretti en Mineápolis. “Las noticias que hemos estado recibiendo de Estados Unidos en los últimos días me parecen realmente preocupantes… Debo decir que me preocupa este nivel de uso de la violencia.”, sintetiza el canciller alemán Friedrich Merz mientras el cardenal Joseph Tobin, arzobispo de Newark y cercano al Papa León, pide al Congreso que bloquee la financiación de ICE porque es una «organización sin ley» y una «maquinaria de muerte».
Esta muestra ecléctica de los millones de voces que se alzan contra Donald Trump y su gobierno podría tornarse inacabable si incluimos todas las críticas, los pedidos, los llamados de atención y las réplicas furiosas de líderes mundiales religiosos, políticos, artísticos… solo los Barones de la Tecnología estuvieron ausentes a la hora del repudio. Ni Elon Musk, ni Jeff Bezos ni Mark Zuckerberg (para ser todo lo obvio posible) han realizado declaraciones condenatorias ni se han horrorizado por la escalada de violencia y circo mediático que Trump y su geheime staatspolizei ICE montaron en Mineápolis, populosa ciudad del estado de Minesota, donde el presidente estadounidense suele perder las elecciones. ¿Intereses económicos o lisa y llana amoralidad tecnocrática?
Tiempos oscuros vivimos, que ya nos anticipó Antonio Gramsci. Tiempos que engendran monstruos. El fascismo, en su tecno versión, ha sentado sus reales en la Segunda Cuna de la Democracia. No es conjetural. Se cumplen casi todos los preceptos: culto al líder; centralización del poder; naturalización de la violencia; instauración del enemigo interno y externo; incitación a la delación; utilización del miedo como mecanismo de subordinación social; desprecio por la complejidad; rechazo a lo distinto; deshistorización; estética del orden y la violencia; fanatismo y redención en un mundo mejor luego del sacrificio… Si eso no es fascismo, el fascismo ¿dónde está? ¿En la Argentina? Sí, claro.

Fascismo barrial
Pasa en yankeelandia y pasa en casa. Por estos rumbos, el Presidente podría ser catalogado de Pequeño Fascista Iletrado: una copia a escala, dependiente y sumisa, que se manifiesta admirador y reproductor de este neo fascismo de redes.
Milei, como Trump, comienza a sentir el rigor de la resistencia y el fracaso. El índice de confianza en el
Gobierno, que mide la Universidad DiTella, ha perdido 8 puntos en un año; en la última semana ha echado o le han renunciado un puñado de funcionarios nivel A1 por disidencias, maltrato o sencillamente corrupción; las internas en los equipos políticos y administrativos son cada vez más complejas y su lanzamiento de la campaña 2027 bajo el slogan «Tour de la gratitud» sólo ha servido para exhibir la capacidad libertaria de comprar aplausos yuxtapuesta con la furia que provocan, en muchos ciudadanos, sus gestos grandilocuentes y su discurso vacío.
Además de que arde una Patagonia vaciada de recursos para combatir el fuego pero, el dinero (que lo hay), será destinado a pagar los mil millones de dólares que cuesta la cuota de ingreso a la Junta de Paz, esa entente canallesca y pretenciosa que reúne a los líderes más belicistas del planeta, tal y como Bibi Netanyahu, que tiene orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra.
En ese equipo juega Milei. Eso sí: en modo entrega-cipaya. A diferencia del proteccionismo a ultranza que aplican otros gobiernos de la ultra derecha mundial. Un negocio redondo para los explotadores en beneficio propio, como Donald Trump y su séquito de filibusteros y mercenarios, cuyo delirio de omnipotencia ya ha sido frenado un par de veces en los últimos días. Reculó estilo Alberto Fernández con el tema Groenlandia (Dinamarca lo apretó con la venta de Bonos del Tesoro de los Estados Unidos que en una jornada perdieron 5 puntos). Y ahora empieza a retroceder en chancletas con la cuestión Mineápolis, cargando dos asesinatos a sangre fría sobre sus espaldas.
Éstas, y un sinnúmero de cuestiones más dicen a los gritos que no puede durar. Es casi seguro. Las sociedades cambian, pero no tanto ni de manera tan vertiginosa. Hay, sí, un clima de momento. Un cansancio social por la traición neoliberal. Un descrédito de la política partidaria. Y también una sociedad que se ha ensimismado en su falsa positividad. Esa suerte de “ilustración oscura” que promueven los neorreaccionarios como Curtis Yarvin, que propone el “uso de la tecnología para derrotar al Estado” y defiende la idea de “disparidades en la inteligencia entre las razas existentes”, con lo que justifica su apoyo al esclavismo. Y eso, difícilmente, acabe pregnando a la sociedad mundial, más allá del grado de cinismo que haya alcanzado y de la infantil credulidad que manifieste.
No puede durar. Más temprano que tarde las mujeres y los hombres, aunque hastiados, habrán de comprender que se equivocan: negar la oscuridad no equivale a ser un iluminado. Como dice Roa Bastos, se puede estar “ciego en la luz por exceso de luz”. Por eso, esto, va a pasar. El tiempo de la apariencia, de las máscaras, de la superficialidad va mudar pronto. Tiene que hacerlo. Todo pasa.
Por Carlos Caramello.
About Author
Te puede interesar también...
-
Hipócrita: pese al libre mercado, Galperin recurre al Estado contra la competencia
-
Bomberos con migajas: los subsidios no llegan al 1% de la deuda que tomó Caputo en un día
-
Quintela denunció el abandono de Milei: «Mientras el país se quema, el Presidente elige el show»
-
Fuego en la Patagonia: ¿qué decisiones de Milei agravaron la situación al máximo?
-
En Europa alertan sobre el desastre vial de las rutas argentinas por omisión de Milei
