Con reservas flacas y deuda encima, el Gobierno ajusta el dólar por inflación

El rediseño del esquema busca ganar aire en el mercado, pero expone la debilidad de las reservas y suma tensión al arranque de 2026.

Desde hoy rige el nuevo sistema de bandas de flotación del dólar, una modificación clave de la política cambiaria que se activa en un contexto sensible: presiones para levantar el cepo, compromisos con el FMI y pagos de deuda que se concentran en los primeros días del año.

La principal novedad es que el piso y el techo del tipo de cambio mayorista ahora se ajustan de manera automática según la inflación de dos meses atrás. En el debut, el movimiento toma como referencia el índice de noviembre, del 2,5 por ciento, lo que redefine los márgenes dentro de los cuales puede oscilar la cotización oficial.

Con este mecanismo, el piso de la banda desciende de forma gradual durante enero, desde los 915 pesos hasta ubicarse cerca de los 894 hacia fin de mes. El techo, en cambio, avanza en sentido contrario y pasa de 1529 pesos a una zona próxima a los 1563. El objetivo oficial apunta a evitar que el dólar vuelva a chocar contra el límite superior, una situación que obliga al Banco Central a vender divisas cuando necesita reforzar reservas.

En el mercado se interpreta la medida como una concesión frente a los reclamos de los inversores y del Fondo Monetario Internacional. Desde abril de 2025, el Ejecutivo sostenía un ajuste mensual fijo del 1 por ciento y descartaba cambios en la estrategia. El nuevo esquema rompe con esa promesa y ata la dinámica cambiaria al índice de precios, en un intento por corregir el atraso real sin dar un salto discreto.

Economistas y consultores valoran que la banda deje de deteriorarse en términos reales, aunque advierten que la corrección no compensa lo perdido durante 2025. En ese marco, vuelve al centro del debate el problema estructural de la escasez de dólares. La dificultad para acumular reservas propias del Banco Central aparece, según analistas, como “el talón de Aquiles” del programa económico.

La fragilidad se vuelve más visible ante los compromisos financieros inmediatos. El próximo 9 de enero vencen más de 4.200 millones de dólares con bonistas privados, un monto que agrega presión sobre el mercado cambiario. El Gobierno de Javier Milei asegura que los pagos se realizarán sin sobresaltos, aunque persisten dudas sobre el origen de los fondos necesarios para cubrir una parte relevante de esos vencimientos.

Desde la autoridad monetaria insisten en que la continuidad del proceso de liberalización cambiaria depende de que se consolide el equilibrio del mercado y de que el Tesoro recupere acceso fluido al financiamiento externo. Mientras tanto, el Banco Central apuesta a sostener tasas de interés que mantengan atractivas las colocaciones en pesos y desalienten una mayor demanda de dólares.

El arranque de 2026 suma además otros factores de incertidumbre. Quedaron liberados más de 20.000 millones de dólares provenientes del blanqueo de capitales de 2024 y se habilita, en paralelo, el giro de utilidades empresarias al exterior. Cuánto de esos fondos permanece en el sistema local es una incógnita que sigue de cerca la city porteña.

Con las bandas ajustadas por inflación ya en funcionamiento, el equipo económico enfrenta una nueva prueba. Entre la necesidad de cumplir con el FMI, sostener la desinflación y evitar una mayor fragilidad cambiaria, los primeros meses del año asoman como un test decisivo para un esquema que todavía genera más preguntas que certezas.

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