Por Ianina Harari*
La CGT renovó autoridades con el nombramiento de tres nuevos triunviros: Jorge Sola del sindicato de seguros, Cristian Jerónimo del de vidrios y Octavio Argüello de camioneros. Se trata de tres nombres “nuevos” en las altas esferas de la dirigencia cegetista, pero con trayectoria en sus sindicatos, que muestran el nuevo equilibrio de fuerzas dentro de la central. Queda en evidencia que se impusieron, los “gordos”, los “independientes” y el moyanismo, mientras se desplazó al sector de Barrionuevo (gastronómicos), aliado con Fernández (UTA) y Maturano (La Fraterndidad), y al kirchnerismo.
En la votación se impuso renovar la estructura de un triunvirato, por sobre la moción de Barrionuevo de volver a tener un solo secretario general. El nuevo trío dirigente está conformado por dos nombres nuevos y uno repetido. Jorge Solá, del Sindicato de Seguros, responde al sector de los “gordos”, conformado por sindicatos de servicios, cuyos referentes son Daer de Sanidad y Cavallieri de Comercio. El segundo es Cristian Jerónimo, del sindicato del vidrio, que responde al sector de los “independientes”, entre quienes se destacan Gerardo Martínez de la UOCRA (construcción) y Andrés Rodríguez de UPCN (estatales). El tercero en realidad renueva su mandato, porque es quien reemplazó a Pablo Moyano. Se trata de Octavio Argüello, de Camioneros, en representación de la familia que maneja ese sindicato, en acuerdo con Sasia de la Unión Ferroviaria. Mientras tanto, dirigentes de peso ocuparán cargos que les permitirán mantener su influencia política. Andrés Rodríguez será el secretario general adjunto, Héctor Daer se quedará con la Secretaría del Interior, Gerardo Martínez con la de Relaciones Internacionales. Ello marca que el sector de los gordos y de los independientes son quienes tienen hoy la mayor cuota de poder.
Este esquema desplazó a un segundo plano a Barrionuevo, quien antes contaba con uno de los triunviros, Carlos Acuña (estaciones de servicio). No obstante, aceptaron lugares secundarios dentro de la conducción: tanto Acuña como Geneiro, de UTHGRA, ocuparán dos secretarías. También el dirigente de La Fraternidad se quedó con una secretaría que ocupará Sebastián Maturano. Por su parte, la UTA se retiró en disconformidad y no ocupó cargos. El secretario general de ese sindicato, Roberto Fernández, no solo bregaba por la vuelta del unicato, sino que además mantiene un enfrentamiento con Jerónimo, a quien responsabiliza por la organización de la oposición en su gremio, encabezada por Miguel Bustinduy, así como la toma de la sede de la UTA en 2019. En ese entonces, Jerónimo era parte del armado moyanista, del que se alejó para acercarse a Gerardo Martínez. Más allá de esa disputa, la relación entre Fernández y los principales dirigentes cegetistas se encontraba erosionada cuando este no acompañó el paro nacional del 10 de abril.
El sector kirchnerista también se encuentra marginado del núcleo del poder de la central, aunque mantiene lugares secundarios en los que ubicaron dirigentes de segunda línea. Por ejemplo, Abel Furlán de la UOM designó para la Secretaría Gremial a Osvaldo Lobato, actual secretario administrativo del sindicato. A su vez, Sergio Palazzo (bancarios), nombró a Rosa del Carmen Sorsaburu, actual Secretaria de Previsión de La Bancaria, para la Secretaría Administrativa. Por su parte, Ricardo Pignanelli de SMATA vio rebajada su participación y aceptó una vocalía tras perder la secretaría gremial de la central que antes ocupaba.
Un sindicalismo en decadencia
La estructura de poder dentro de la CGT es el resultado de varios elementos, y todos ellos son una muestra de la decadencia de la dirigencia cegetista y la degradación que han sufrido los sindicatos en sus manos. El marco para este proceso es la pérdida de peso social y político de los sindicatos producto tanto de cambios estructurales que ha sufrido la clase obrera como del repudio que generan las prácticas de sus dirigentes.
La transformación en el mundo del trabajo achicó el campo de acción sindical. El trabajo en relación de dependencia registrado ha perdido lugar y hoy es una porción minoritaria del mercado de trabajo. El crecimiento de la informalidad laboral y formas precarias de contratación como el monotributo, que en muchos casos encubre una relación de dependencia, no son combatidas por estas direcciones sindicales, que además abdicaron de representar a quienes se encuentran en esa situación. De esta forma, el peso y el poder sindical se debilitan.
A ello se suma el rechazo a esta dirigencia sindical, que se ha traducido en una tendencia histórica a la caída de la tasa de afiliación, lo que debilita la representación de los sindicatos. En buena medida, ello se relaciona con el hecho de que, de la mano de estas direcciones, hace décadas que los trabajadores sufren una degradación de las condiciones laborales y una caída del poder adquisitivo. Veamos lo que sucede en dos gremios con peso: UPCN y UOCRA. El primero acepta sin más la precarización y el ajuste salarial a los estatales, mientras el segundo avala altas tasas de informalidad y un aumento de la desocupación por el freno a la obra pública.
La actitud conciliadora que la CGT ha tenido frente al ataque frontal a las conquistas obreras que hace décadas sufren los trabajadores es otro elemento que colabora al desprestigio de sus dirigentes. La reciente reforma laboral que aprobó Milei en la Ley Bases es un claro ejemplo. La CGT negoció quitar algunos artículos que tocaban su caja, y el resto pasó. Ahora dirigentes históricos y nuevos de la CGT advirtieron que quieren sentarse a negociar con el gobierno. Es claro que su única preocupación es garantizar sus intereses económicos (el aporte solidario, por ejemplo). Otra dimensión del problema es la transformación de los sindicatos en un apéndice del peronismo, degradando su potencia como herramienta de defensa de los trabajadores como clase. La identificación con el peronismo es tal que el rechazo hacia ese espacio político de buena parte de la clase obrera, se traduce también en un rechazo a esta dirigencia sindical que parece indistinguible del sindicato mismo.
La nueva conducción de la CGT no es más que una continuidad de esta política sindical que ha aceptado la fragmentación de la clase obrera, la degradación de sus condiciones de vida, licuado el poder de los trabajadores y desprestigiado una de sus herramientas de defensa.
*Investigadora del CONICET. Docente de la UBA e integrante del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (CEICS).
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