31 de agosto de 2025

El avance silencioso del trabajo precarizado en la era Milei: más apps, menos derechos

Cada vez más personas se vuelcan al delivery y a plataformas digitales ante la caída del empleo formal y el deterioro salarial.

La crisis laboral que atraviesa el país se refleja en un fenómeno que no deja de expandirse: el crecimiento del trabajo informal, el monotributo como forma de contratación extendida y la multiplicación del empleo en plataformas digitales. Bajo el gobierno de Javier Milei, la pérdida de poder adquisitivo y la escasez de oportunidades en el mercado formal impulsaron a miles de personas a buscar ingresos en actividades precarias o por fuera del sistema.

Durante el primer trimestre del año, la desocupación trepó al 7,9%, el nivel más alto desde 2021, mientras el trabajo registrado en el sector privado se mantuvo estancado. Frente a ese escenario, aumentaron tanto la informalidad como el pluriempleo, que pasó del 8% al 12% en la última década.

En este contexto, la llamada economía de plataformas —aplicaciones de reparto, movilidad urbana o venta de bienes y servicios— se volvió una de las salidas más frecuentes para quienes necesitan generar ingresos rápidos, aunque sin derechos laborales. “Las plataformas aparecen como alternativa rápida y accesible, al mismo tiempo que profundizan la precariedad por sus características inestables y desprotegidas”, advirtieron desde el Centro de Capacitación y Estudios sobre el Trabajo y el Desarrollo (CETyD) de la UNSAM.

Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que hay al menos 160.000 personas trabajando en apps de delivery en la Argentina. Aunque la pandemia disparó el crecimiento de ese sector, la continuidad de la crisis económica empujó su expansión sostenida, asociada a la inflación y la pérdida de salarios reales.

Un “refugio” laboral que consolida la desigualdad

El equipo de investigación que coordina Matías Maito en la UNSAM remarcó que el trabajo en plataformas no reemplaza al empleo formal, sino que funciona como una válvula de escape ante la falta de oportunidades. “Amortigua sólo transitoriamente el aumento de la desocupación y, por último, consolida y profundiza la precariedad del mercado de trabajo”, sostuvieron.

Según el relevamiento del CETyD, las tres actividades que más aumentaron su dotación de personal en el último año —comercio, hoteles y restaurantes, y transporte— coinciden con los sectores donde más se inserta la economía de plataformas. Allí se detectó un fuerte incremento tanto del monotributismo como del empleo informal: más de 90 mil nuevos trabajadores independientes en gastronomía y transporte, y más de 110 mil asalariados no registrados.

En el comercio también se disparó la cantidad de monotributistas, con un aumento de más de 160 mil personas. Parte de este salto se explica por el crecimiento de las ventas a través de redes sociales, plataformas de e-commerce o canales informales.

A este cuadro se suma la presión que impone la “Ley Bases” recientemente sancionada, que permite nuevas formas de contratación precarizadas, como el régimen de “colaboradores” para microempresas.

Sueldos deprimidos y más horas para sobrevivir

El deterioro salarial es otro factor central en el avance del trabajo precarizado. El sueldo de los empleados formales del sector privado cayó un 15% en comparación con 2017, y se mantiene por debajo de los niveles previos a la devaluación del inicio del mandato de Milei.

Desde el CETyD explicaron que la caída del salario efectivo —aquello que realmente llega al bolsillo— se agravó en los últimos meses por la pérdida de horas extras y las paritarias con techos a la baja: “Esa convergencia a la baja entre lo que se negocia en paritarias y lo que efectivamente cobra el trabajador confirma el deterioro salarial, sin horas extras y con acuerdos a la baja por la pauta del gobierno, el salario real vuelve a caer”.

El impacto no fue parejo: los empleados públicos sufrieron una pérdida del 25% en sus ingresos reales desde diciembre, las trabajadoras de casas particulares perdieron un 30% y el sector transporte, un 28%.

Más control, menos derechos

El trabajo en aplicaciones también impone dinámicas propias: los repartidores y choferes están sometidos a sistemas de evaluación algorítmica que definen su rendimiento sin criterios claros ni posibilidad de negociación. Las plataformas —que no se reconocen como empleadoras— deciden cuánto y cómo se paga, y pueden aplicar “recompensas” o “castigos” sin aviso.

Aunque no existen datos oficiales que cuantifiquen el empleo en plataformas, la investigación de la UNSAM indica que su crecimiento no alcanza para absorber la totalidad de la demanda de trabajo. De este modo, lo que aparece como una solución rápida a la crisis termina consolidando un nuevo modelo laboral: flexible, inestable y sin derechos.

La precarización, lejos de ser una excepción, se volvió norma. En la Argentina de Milei, el delivery, el monotributo y el pluriempleo ya no son parches: son parte del sistema.

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