La industria hotelera argentina atraviesa una situación crítica. A pesar del receso invernal, la ocupación promedio en los alojamientos no supera el 50%, con provincias como Cuyo o el norte del país donde apenas se registran niveles del 30%. La baja en las reservas, que en algunos destinos llega hasta el 40% respecto del año pasado, desató una crisis que no solo impacta en los balances de las empresas, sino que se traduce en una pérdida diaria de empleos.
La caída del turismo interno —el principal motor de la actividad— se combinó con un desplome del turismo receptivo, que hasta hace pocos años funcionaba como paliativo. En este escenario, muchos hoteles se vieron obligados a aplicar promociones agresivas, suspender personal o incluso cerrar sus puertas de forma temporal.
“Las ocupaciones son bajas, las tarifas están por debajo del año anterior y los costos aumentaron”
Desde Iguazú, uno de los principales destinos turísticos del país, Sergio Abalo, gerente general de CT Hoteles, describió con crudeza la situación: “La tendencia en destinos como Iguazú indica una pérdida de entre el 30% y 40% de los puestos relacionados al servicio. Las ocupaciones son bajas, las tarifas están por debajo de las del año anterior y los costos aumentaron. En nuestro caso hicimos lo posible por sostener las fuentes de trabajo, porque cuesta mucho volver a formar personal calificado”.
Los problemas no son exclusivos de las provincias más alejadas. En la Ciudad de Buenos Aires, donde tradicionalmente la actividad turística se mantiene con mayor regularidad, los hoteles de tres y cuatro estrellas experimentan una caída de reservas cercana al 30%. Incluso en el segmento de mayor poder adquisitivo, como los cinco estrellas, se detectó una baja del 40% en las reservas anticipadas.
Turistas extranjeros cruzan a Brasil para dormir: “Iguazú enfrenta un vaciamiento hotelero”
Una de las paradojas más notorias del presente turístico se observa en Puerto Iguazú. Los vuelos llegan llenos, pero los hoteles permanecen vacíos. Abalo explicó la lógica detrás de este fenómeno: “Los vuelos llegan llenos, pero los turistas duermen en Brasil. Ingresan para visitar las Cataratas, pero se alojan y consumen en Foz de Iguazú (del lado brasileño), donde encuentran mejores precios y servicios. Iguazú enfrenta un vaciamiento hotelero a pesar del movimiento aéreo”.
Según el empresario, el país perdió competitividad frente a sus vecinos regionales. La diferencia de precios en hotelería, gastronomía y transporte hace que muchos visitantes crucen la frontera y solo pasen el día del lado argentino.
Una temporada que no arranca: caída de consumo y menos turismo interno
Los números son elocuentes. En los dos fines de semana largos de junio, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) detectó una caída del 16,6% en la cantidad de personas que viajaron dentro del país, mientras que el gasto total se redujo un 27,9% en comparación con 2023. La baja en el poder adquisitivo y la incertidumbre generalizada golpearon de lleno a los destinos que dependen del turista local.
Algunas provincias, como Santiago del Estero, lograron atenuar el impacto gracias a una estrategia sostenida de eventos deportivos y culturales. “Este año estamos en 90% de ocupación, frente al 100% del año pasado. La caída es evidente, pero la infraestructura desarrollada en los últimos 15 años y los eventos constantes nos permiten mantener niveles de actividad por encima del promedio nacional”, afirmó Nelson Bravo, subsecretario de Turismo provincial.
“No se trata de subsidiar la actividad, sino de generarla”
Bravo destacó que el turismo requiere políticas activas y planificación a largo plazo: “Tenemos un calendario sostenido: partidos en el estadio Único, competencias de BMX, eventos de hockey, foros académicos, convenciones. Esa rotación constante nos permite mantener activa la plaza todo el año”. Y agregó: “No se trata de subsidiar la actividad, sino de generarla. La clave es que el turista circule, que se mueva la economía. Eso solo se logra con inversión, coordinación y continuidad de políticas”.
Promociones, descuentos y ajustes: estrategias de resistencia
Frente a la retracción de la demanda, muchos hoteles lanzaron paquetes 4×3, rebajas del 30% o convenios con plataformas de beneficios. La digitalización de los procesos, la optimización de espacios y las ofertas segmentadas son parte de una batería de medidas que buscan evitar despidos y mantener la actividad a flote.
Pero aun con estos esfuerzos, la situación sigue siendo crítica. “El objetivo es sostener la actividad, evitar despidos y resistir la crisis”, resumió Abalo.
“Muchos operadores internacionales directamente sacaron a Argentina de sus catálogos”
El derrumbe del turismo receptivo también preocupa. Según el gerente hotelero, “estimamos una caída del 20 al 30% en la llegada de extranjeros durante el primer semestre. En Buenos Aires, cadenas de cinco estrellas confirman una baja de hasta 40% en reservas anticipadas. Lo más preocupante no es solo lo que ya se perdió, sino lo que no se está vendiendo: el segundo semestre, que concentra la llegada de turistas del hemisferio norte, muestra niveles históricamente bajos de reservas”.
La pérdida de divisas del turismo internacional afecta especialmente a los establecimientos de alta gama. “Ese segmento representa hasta el 60% del ingreso anual para muchos hoteles premium. La inflación, la falta de competitividad cambiaria y la incertidumbre desalientan la planificación anticipada. Muchos operadores internacionales directamente sacaron a Argentina de sus catálogos para este año”, advirtió Abalo.
Qué reclama el sector privado
Ante este escenario, las cámaras empresarias del sector piden:
- Alivio fiscal y reducción de la carga tributaria.
- Campañas sostenidas de promoción turística internacional.
- Mejora de la conectividad aérea en todo el país.
- Regulación del alojamiento informal.
- Créditos accesibles para sostener la actividad.
- Reubicación del paso fronterizo en Iguazú.
“El posicionamiento internacional del destino es clave. Si Argentina no está presente en ferias como FITUR, ITB Berlín o WTM Londres, no se genera demanda. Además, necesitamos corredores turísticos entre provincias sin pasar por Buenos Aires. Y acceso al crédito para sostener estructura y modernización”, concluyó Abalo.
Con un consumo interno planchado, el turismo receptivo desplomado y la rentabilidad en retroceso, el sector hotelero argentino se enfrenta a uno de sus peores inviernos en décadas.
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